sábado, 9 de abril de 2016

Mi despacho: Finito de Córdoba, ¿flamenco o torero?


Cuando escribía en la revista de la Asociación Cultural Vientos del Pueblo, La voz Palmeña, hubo unos números donde, en el apartado donde se relacionaban los nombres de los miembros de la Redacción, el mío apareció cambiado por "Francisco Javier Rodríguez", en lugar de Domínguez. El error estaba en la imprenta, y pese a comunicárselo, para que lo cambiaran, fueron varias veces que salió equivocado. Harto de luchar contra mi fatídico destino, decidí aplicar ese consejo que dice "si no puedes vencerlos, únete a ellos". Así que comencé una sección dentro de la revista que firmé siempre con el seudónimo "Rodríguez". Esa sección se llamaba "Mi despacho", y estaba redactada en tono humorístico y en forma de diálogo, género que ha sido siempre muy efectivo desde los tiempos de Platón. Tras más de 30 años sin publicarse he decidido recuperar, ahora en el blog, la sección Mi despacho, donde aquel entonces maduro periodista, llamado Rodríguez, comentaba con su secretaria las cosas de actualidad. Rodríguez no había muerto, estaba de parranda, como dice la canción, y la francachela, tan duradera, le ha vuelto más cascarrabias, más anciano, pero no ha perdido su sentido de humor. Matilde, su secretaria, intentará evitar que no se meta en demasiados embrollos a la hora de redactar su columna habitual en el periódico local donde ambos trabajan. O, tal vez, sea al revés.

"MI DESPACHO: FINITO DE CÓRDOBA, ¿FLAMENCO O TORERO?

Rodríguez: Matilde, ¿ha escuchado el programa de Buenafuente ("Nadie sabe nada") esta tarde en la radio? 

Matilde: Pues claro, Don Rodríguez, lo hago todos los sábados, mientras hago la limpieza de la casa.

Rodríguez: ¡Matilde! le he dicho un millón de veces que el "Don" o "Doña" se utiliza siempre con el nombre de pila, no con los apellidos. ¡Llámeme Señor Rodríguez!

Matilde: Muy bien, Señor Rodríguez.

Rodríguez: Otra vez este señor ha hecho bromas con Finito de Córdoba, creyendo que es un cantaor flamenco, y no un torero. Otra vez ha se ha aprovechado de su error para recrear un personaje llamado "Infinito de Córdoba", al que se imagina soltando un largo quejío flamenco.

Matilde: Es que estos catalanes no se enteran...

Rodríguez: No generalice, Matilde. Será que este tipo no se entera, o, mejor, que no se quiere enterar, porque han sido varios los avisos que le han dado en internet sobre su error.

Matilde: Es que a los catalanes no le gustan los toros.

Rodríguez: ¡Ande! ni a mí. ¿O se cree que tengo el mismo gusto que las vacas?

Matilde: No me haga chuistes, Don Rodríguez. Que ya sabemos que han prohibido el toreo en Cataluña, pero el toreo que les suena a ellos a algo español, porque los correbous siguen sin prohibirlos y hasta protegen este espectáculo, donde se maltrata al toro con bolas de fuego. Como son tradiciones catalanas...

Rodríguez: ¿Ya estamos metiendo la política, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, Matilde? Yo de lo que me quejo es de que no sepan distinguir el flamenco de la tauromaquia.

Matilde: Y tiene usted razón. Voy a llamar a la cadena SER para protestar, que los cordobeses tenemos mucho cariño a Finito de Córdoba, que torea como un bailarín y tiene una mujer muy famosa y muy guapa, ¡ea!

Rodríguez: Y me temo que no se entone muy bien cantando flamenco. Como no torearía bien... ¿quién digo yo? ¡El Fary!, el Fary, por ejemplo.

Matilde: ¡Chitón! a mi Fary no me lo insulte, que seguro que era bueno para todo, hasta para torear. O, si no, ¿cómo iba a tener ese portento de copla que es "Torito Guapo"? (Cantando) ¡Ay! vaya toritooo, ay torito guapooo, tiene botines y no va descalzoooo!

Rodríguez: ¡Matilde, calle ya, por Dios! que tengo que escribir el artículo de hoy.

Matilde: Sí, Don Rodríguez, ya paro.

Rodríguez: Y dale... "

RODRÍGUEZ