domingo, 11 de enero de 2015

Petróleo y atentados


Una idea viene rondándome la cabeza desde la mañana del pasado día 7, desde los atentados de Charlie Hebdo: ¿a qué precio está el barril del petróleo? En los últimos meses un debate ha tenido lugar en los medios al conocerse que el precio del barril de petróleo ha bajado mucho en los últimos tiempos. De hecho está en los mínimos de los últimos 5,5 años. Un debate sobre las repercusiones en los precios de los combustibles para el consumidor final ha tenido lugar por esa bajada.


Una bajada en el precio del crudo que, sin embargo, no se aprecia luego en el precio de los productos que los consumidores tenemos a nuestro alcance. El precio de la gasolina o el gasoil sigue siendo muy alto, gracias a los impuestos y las tasas de beneficios que mantienen las compañías petrolíferas. Es decir, los beneficios se quedan en el Estado y las multinacionales, sin repercutir en nuestro bolsillo cada vez que echamos combustible en el depósito de nuestro vehículo o en nuestras calefacciones, por ejemplo. Y los productores pierden ingresos, mientras ven cómo los intermediarios aumentan sus beneficios.


Curiosamente, si vemos el gráfico, el precio del barril el pasado 7 de enero fue el más bajo de la semana. Y ese día, dos grupos de yihadistas, independientes pero casi al unísono, según ellos mismos confesaron antes de morir abatidos por la policía francesa, asesinan a varios empleados de la revista satírica y a una policía local, tras un accidente, y luego toman rehenes, con el resultado de casi veinte muertes en dos intensos días. Terroristas entrenados en países musulmanes, bien pertrechados de armas (fusiles ametralladores, bombas, etc.). ¿Casualidad? ¿Alguien oculto dio la orden? Sabemos que dinero saudí y de otros países productores de petróleo, como Irak o Irán, financia a grupos islamistas en todo el mundo. De esos grupos surgen los yihadistas. Y, a pesar de ello, seguimos comprando crudo de estos países. Olvidamos nuestras fuentes de energía limpias, como la eólica o la solar, en beneficio de los productores, transformadores y comercializadores de combustibles fósiles, agotables y contaminantes, pero que producen cuantiosos beneficios a los productores y las multinacionales. En España, el PP, nada más llegar al gobierno, eliminó las ayudas a las energías renovables e incluso castiga a los consumidores de la energía solar doméstica. Están claros sus intereses.


Me da la impresión de que nos toman el pelo con esas "guerras de religión" medievales entre cristianos y musulmanes, tan del gusto de integristas de una y otra religión (y de nuestros queridos liberales), para aprovecharse de quitarnos libertades, matarnos y saquear nuestros bolsillos. Y, por eso no me ha sorprendido que el atentado parisino sucediera en el momento de menor coste del barril de crudo. La religión, como siempre, es una excusa para enmascarar intereses políticos y económicos. Si de verdad quisiéramos derrotar el yihadismo, ya habríamos cortado el grifo del petróleo asfixiando a los que financian terroristas y cruzadas. Son inútiles las intervenciones armadas (como propugnan derechistas varios) mientras tengan la manguera del petróleo en sus manos (ya no estamos en la Edad Media, y de nada sirve acordarnos con nostalgia de la Reconquista o las Cruzadas). Nos han demostrado muchas veces, desde la crisis de 1973, que pueden hacernos daño con su petróleo. Hay que dejar de depender de ellos, recurriendo a fuentes de energía baratas, propias y cercanas. Pero los intereses de esos que, de verdad, mandan en Occidente son más poderosos que todas esas guerras de religión. ¡Que no nos engañen!