domingo, 9 de septiembre de 2012

Palma intramuros: cristianos, musulmanes y judios



Entre los espacios más legendarios que recuerdo de la niñez estaba el Recinto Amurallado con todos los edificios que contenía en su interior. Que Palma contase con una muralla, casi completa, era y es un lujo. Además, dentro de su perímetro encontrábamos edificios y lugares muy interesantes, impregnados de recuerdos.


Si subía desde la calle José de Mora, mi antigua residencia, por Violante y Jorge, entrábamos en La Fuentecilla de los Frailes, junto al Calerín de la familia Jerez, dejando atrás Santo Domingo, la calle y el Convento. En la calle de la Fuentecilla había unas casas, que luego fueron derribadas para dejar al descubierto la muralla original y diseñar una placita donde se ha recreado la “fuente” con un nuevo pilón. Para entrar en el recinto se franqueaba un arco, junto a una torre, donde estuvo muchos años un depósito para su uso por Industrias Ortiz, que felizmente se desmontó después. Esta entrada da a la calle Santa Clara, llamada así por encontrarse aquí el convento del mismo nombre. Y por el lado interior está adornada con un mosaico de azulejos con la figura de la Virgen.


Del convento de Santa Clara recuerdo muy poco, pues fue abandonado por las monjas de clausura a finales de los años sesenta. Alguna vez estuve en la iglesia, en misa. La imagen de las monjas, totalmente cubiertas con un velo, como espectros silenciosos agolpados tras las rejas del coro bajo que velaba por su confinamiento, es lo que se me ha quedado, además del patio de la entrada del convento (donde estaba el torno) y la entonces casa del santero. 


Posteriormente he entrado más de una vez, antes de que el ayuntamiento se empeñase en su restauración. Durante los años que estuvo abandonado el gamberrismo se cebó en sus estancias. Menos mal que se hicieron obras para proteger el claustro y su techumbre, pues se habría perdido, dejándonos sin esa preciosa joya arquitectónica. Éste se convirtió en un lugar de leyenda, nada extraño debido a su origen. Hay quien hasta llegó a hablar conmigo para hacer un experimento de psicofonías, debido a las historias de muertos enterrados allí (monjas, sus presuntos ilegítimos hijos, nobles, infantes del Auxilio Social...), aunque se olvidó y no se hizo el experimento.


Frente al convento estaban, como dije antes, las instalaciones de Industrias Ortiz, una empresa que fabricaba y comercializaba aceite. Me han hablado de la zanja pestilente que contenía los alpechines de esta fábrica, de sus restos en la calle Río Seco, de sus inconvenientes. No recuerdo cuándo despareció de allí, aunque estaba en activo en mis primeros años de vida. La imagen de un joven Jesús Morales, con su barba a lo Fidel Castro (como decía mi padre) y portando latas de aceite en un isocarro (o vehículo similar) es de lo poco que creo recordar de aquel tiempo. Solo tengo claro que en sus naves, pasados muchos años ya, los integrantes del grupo de jóvenes que organizaban los viajes en Semana Santa a la Comunidad de Taizé, celebraron allí más de una fiesta para recaudar fondos, y que asistí a alguna. Posteriormente ese terreno fue adquirido por el Colegio Inmaculada para ampliar sus instalaciones deportivas, dejando solo el muro perimetral. Y allí también se han representado algunas obras en varias ediciones de la Feria de Teatro en el Sur.


Seguidamente entramos en la calle Cardenal Portocarrero, nombre en memoria del arzobispo de Toledo y Gobernador de España durante el reinado de Carlos II, el hechizado, y en la ausencia de Felipe V, durante la Guerra de Sucesión, nacido en Palma del Río, de la familia de los Condes de Palma, y en cuya memoria el ayuntamiento palmeño creó las Jornadas de Historia con su nombre. Lo primero que vemos es la Parroquia de la Asunción, donde fui bautizado, a la que acudía los domingos, llevado por mi madre, a misa, y donde hice la primera comunión de la mano del famoso cura Don Carlos Sánchez. Otros curas de entonces fueron Don Francisco, el de las vacas, y Don Virgilio. Entonces había un seto que delimitaba un ensanche de la calle en la entrada a la iglesia, además de los arriates con palmeras y otras plantas, junto a las naves de Industrias Ortiz, que todavía se conservan (los últimos), aunque mejorados. La iglesia sufrió el derrumbe del techo en los años setenta, siendo arreglado. Siempre me llamó la atención la imagen de una Virgen negra en una de sus capillas, algo misterioso y esotérico. Siendo ya mayor supe que se trataba de la Virgen de la Cabeza. También las varias tumbas que había en su suelo, una de ellas perteneciente al enterramiento de un Comisario de la Santa Inquisición en Córdoba, D. Alonso Gamero Duque y Peñaranda. También las puertas interiores de la iglesia tienen el escudo del Santo Oficio, como ha publicado un blog (del que he tomado la foto de la puerta). Esta iglesia barroca del siglo XVIII sustituyó a la posiblemente gótica medieval que fue derribada por su estado ruinoso. A fines de los setenta, alguna de las habitaciones que hay en la planta alta sirvieron de salas de reunión para el nacimiento, primero, y la vida posterior, durante algún tiempo, de la Asociación Cultural “Vientos del pueblo”, de la que fui uno de los fundadores y miembro hasta prácticamente su desaparición en la segunda mitad de los ochenta. De aquel tiempo, en la Transición, en el que tuve mucho contacto con esta institución guardo buenos recuerdos de los curas Rafa (Rafael Caballero), Sebastián (Sebastián Sánchez, fallecido ya) y de un joven llamado Manolo Vida, que se fue a Córdoba.


Junto a la Parroquia damos con el Palacio de los Portocarrero. El palacio estuvo durante bastantes años en estado de abandono, desde los años sesenta. Alguna vez entré con mi madre, pues conocía a una familia que vivía en las casas de los guardas (junto a la Parroquia), ya que ella trabajó para la familia Moreno de la Cova en su juventud, parientes de los propietarios del palacio (allí estuvieron los tristemente famosos “Corralones de Don Félix”, donde fueron fusilados muchos palmeños, cuando la entrada de las tropas nacionales en agosto de 1936). También vi una vez la carpintería que allí se alojó un tiempo, en uno de los patios. Ahora, tras diversas obras, ha sido recuperado y se usa para celebraciones diversas. Incluso se rodó buena parte de la película de Ridley Scott "El reino de los cielos". El palacio presenta varias partes con estilos y épocas diferenciadas. Destacan sus patios, los jardines y el balcón renacentista que da a la Plaza de Andalucía.


Frente a una de las fachadas del Palacio en la calle Cardenal Portocarrero, están las Caballerizas, junto a unas naves ruinosas que escondían un aljibe medieval, cerca de la Puerta del Sol. En mi niñez en esa construcción vivían varias familias, una de las cuales tuvo un hijo que fue compañero mío en la escuela de Antonio G. Chaves (la del Patronato del Frente de Juventudes). Este edificio, junto con el aljibe y algo más fue cedido al ayuntamiento cuando se edificó el solar resultante de la demolición de aquellas naves y corralones abandonados, donde se construyó en los ochenta las únicas viviendas modernas que hay allí, por no haber normas urbanísticas que protegieran el conjunto histórico.


La Muralla la recorrí alguna vez, entrando por la Capilla de las Angustias. De la otra puerta principal del reciento ya hablé en el post sobre el Arquito Quemado. Así como de la alcazaba o castillo que estuvo en la Mesa de San Pedro, y sus leyendas, lugar de juego frecuentado por muchos palmeños de mi generación, tras la desaparición de los famosos chozos que allí hubo.


Decía al principio que este recinto y los edificios que engloba son un lugar interesante. Fue el germen del casco urbano de la Palma que conocemos. Allí empezó, intramuros, junto a su arrabal, el crecimiento y la historia de nuestra ciudad. Palma tuvo una población escasa, pero diversificada. La población morisca fue muy importante, al unirse, después de la Reconquista, a los antiguos pobladores musulmanes (mudéjares) un grupo procedente de Gumiel de Izán (Burgos), traído por Micer Egidio Bocanegra, que disfrutaron de fuero propio, y constituyeron una de las comunidades moriscas más importantes de Andalucía, en la segunda mitad del siglo XV. Se sabe que hubo una zona, llamada el “barrio nuevo”, antes la morería, extramuros, cercana al Hospital de San Sebastián, por uno de los documentos conservados en su archivo (Revista Ariadna número 9, página 13).


También se asentó una importante comunidad judía, sobre todo a partir la huida de muchos judíos cordobeses tras los asaltos a las juderías a fines del siglo XIV y el siglo XV (éstos conversos, en 1473). De los judíos sabemos poco, aunque se conservan documentos que prueban su presencia y posesiones. Sabemos que su Sinagoga estaba en el interior del Recinto Amurallado, intramuros, como vemos en un documento del Archivo del Hospital de San Sebastián, junto a una casa cuyo propietario tiene nombre musulmán, Çuleman (¿Suleimán?) Açequily (Revista Ariadna número 9, páginas 13 y 77).


También sabemos de la presencia de la Santa Inquisición en Palma, que se dedicó a perseguir judíos, falsos conversos, herejes y heterodoxos varios, cuando la instauraron los Reyes Católicos. Ya comenté que mi casa formaba pare de un conjunto conocido como la “Casa del Inquisidor”. Una de sus puertas lucía un escudo dominico, lo que refuerza esa suposición, al ser esta orden una de las más activas en el Santo Oficio. Una importante figura objeto de la persecución fue María de Cazalla, mística heterodoxa, del grupo de los “alumbrados”, de familia judía conversa al servicio de los Condes de Palma.


No sabemos el lugar exacto donde estuvo la sinagoga. Posiblemente la mezquita musulmana ocupara el lugar donde se edificó la iglesia, como era costumbre. Importantes cambios se produjeron posteriormente en la fisonomía y el trazado interior del reciento histórico, con el convento de Santa Clara del siglo XV, el Palacio de los Condes, del siglo XVI, y la Parroquia, que como dije antes, fue levantada en el siglo XVIII en el solar que ocupó la iglesia de Santa María (gótica). El fundador de Santa Clara, el caballero 24 de la ciudad de Córdoba, Don Juan Manosalbas, adquirió varias casas intramuros y con ellas creó el convento, que fue ampliado posteriormente. El palacio, que se construyó al abandonar los señores el castillo (la antigua alcazaba almorávide) al desaparecer el peligro de guerra, ocuparía también diferentes edificaciones anteriores, derribadas tras su adquisición. Seguro que la sinagoga y más de una casa propiedad de judíos sufrieron el derribo para ello. Los vencedores impusieron la uniformidad, al decretar la conversión o la expulsión de los renuentes, y con ella se borraron muchas huellas de culturas que antes convivieron (la mayor parte del tiempo a duras penas) y que después intentaron eliminar.


Del pasado musulmán quedan importantes restos, habiéndose recuperado hace poco la puerta original de la torre donde se abrió la Puerta del Sol, bajo el balcón renacentista del Palacio, además de parte del castillo y la muralla. Del pasado judío no queda allí, que yo sepa, nada. 


Hace días estuvimos en Toledo y pudimos visitar los monumentos de origen hebreo que quedan. Me llamó la atención un conjunto de olambrillas en diversos puntos del pavimento. Son recordatorios de la antigua Judería toledana, señalizando su presencia. No estaría mal hacer algo similar aquí, dentro el recinto, con alguna placa que recordase la presencia de esta importante minoría. Sería un acto de justicia histórica con otros que fueron durante siglos tan españoles y palmeños como nosotros lo somos hoy día.  

2 comentarios:

Avlio Cornelio Palma dijo...

Interesante "post", como todos los que publicas, sobre todo cuando comentas aspectos históricos de Palma del Río. Creo recordar que dentro de los que son los patios del colegio de las monjas, hay un lienzo de muralla palmeña. Ese lienzo de muralla ¿Es propiedad de las monjas o pertenece al patrimonio cultural de los palmeños? Por ahora no se puede visitar ya que está dentro de una propiedad privada.

SCHEVI dijo...

Muchas gracias por tus elogiosas palabras, Avlio Cornelio. Respecto a la pregunta que me haces sobre ese lienzo de muralla, ratifico que existe, dentro del recinto del colegio. Lo he visto, precisamente una vez que entré cuando se representó una obra de teatro allí o un festival benéfico para Aprosub. Como dices, ahora es imposible visitarlo. En Palma la confusión entre lo público (como deberían ser unas murallas, según el Código Civil) y lo privado ha sido una constante histórica desde la misma Reconquista. Por ejemplo, el castillo, la Mesa de San Pedro, fue privado hasta hace pocos años en que el ayuntamiento pudo comprarlo al banco que lo había embargado a su dueño. Esto de ese lienzo de muralla es un caso "pendiente" del desarrollo del PECH, que me sugiere una respuesta, con cierta "maldad": si hay que visitarla es privada, si hay que repararla es pública. ¿Se me entiende?